Ya no se está a salvo de la picaresca proveniente de cualquier persona, sea cual sea su credo, interés o ideología; cuando te crees que mantienes buena relación cordial con una o más personas, pero, con el tiempo te das cuenta de las ideas que tienen u ocultan sobre ti, ajenas o propias, explicitadas a veces, cuando su confianza contigo es plena (o relativamente plena), como cuando te llaman tonto, más de una vez, sintiéndote ofendido o, al menos, preocupado, pero, en vez de reaccionar, continúas aceptando sus mimos y carantoñas verbales o de confiado trato hacia ti, al tiempo que tratan de obtener beneficios materiales de lo poco equipaje que tienes, con triquiñuelas impensables, terminas vendiéndoles más barato que te costó, un teléfono que te sobraba -al menos recuperaste algo de dinero inútilmente invertido en su día-, porque te pedían que se lo vendieras, pero no, quieren más, quieren tu ordenador portátil, con la excusa de que te lo arreglaba ella con sus "trucos"
-¡qué causalidad, que, estando tú en su piso, como inquilino de una habitación, se te detiene, una y otra vez, el ordenador!-,
pero que sí, que no, le ha salido mal, quizá por el lento enfado que tienes (por lo "tonto" que resultas toda tu vida), al recibir de golpe ciertas palabras muy duras, derivado de una conversación absurda, al tratar de explicar, en tono de broma, por qué eres un "tonto", que deja más que evidente la idea oculta que tienen de ti, no sin antes llegar a proponerte dejarte estar en su (estrecha) habitación de tal hora, a tal hora, en vez de aceptar tu propuesta de no pagar uno o dos meses de alquiler, pero, como ya se ha dicho, eres lento de reaccionar e intentas seguirla el juego, al tiempo que preguntas a ella, de forma indirecta "¿y qué pinto yo en tu habitación?", preguntas el porqué de esa tan extravagante propuesta y ella te responde: para ver la televisión, escribir, hablar,...
Puesto que ya ella comenzaba a notar tu enfado, se marchaba a su habitación, con su hipócrita enfado porque "has cambiado de opinión", aunque proponiéndote, todavía y, quizá, ya por último, que te arreglaría la máquina sin nada a cambio, a lo que accediste, con cierto recelo o desconfianza, mientras te marchabas hacia un locutorio, para poder ver tus e-mailes.
Cuando regresabas, ya más disgustado y meditativo, por tantas cosas raras ocurridas en menos de aquella hora, recogiste, con delicadeza y amabilidad, el ordenador, de manos de ella, casi en la misma puerta de su estrechísima habitación, vuelto a funcionar, lo guardaste.
Después, ella en la puerta de tu fría habitación -porque ya no la dejabas entrar-, se interesó por el funcionamiento del aparato, pero tú, le respondiste en un registro de voz ya cambiado; "lo probaré mañana, voy dormir", a lo que ella te pidió perdón y se marchó.
Dicho; te acostaste más por preocupación, tristeza y enfado, que por sueño.
Al día siguiente, hiciste el equipaje y, sin despedirse de la levantada pero oculta familiar suyo, dejaste las llaves sobre la sábana recogida y te marchaste.
Comienzas a dar por pedido, una vez más, el dinero de las cosas que compraste para ella y su familiar, por solidaridad y cariño hacia ellas.
Fue la segunda vez que habías regresado, la anterior vez, también te marchaste por causa de determinados comportamientos de la misma y de una visita suya, durante sus días festivos.
Ya te dijo alguien justo antes de volver a ocupar la habitación -habiéndolas conocido también a ellas- que no era bueno formar parte de una familia (como ellas)
A lo que ahora añades; nunca fueron buenas segundas partes.
Confía, quiere a la gente,
contigo, sopa caliente.
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(Anónimo)
